Mis oídos tapé con un capullo de misticismo extático. Mis ojos anublados quedaron al clavarse en el abismo de mi ser ignoto. Enroscada está ya mi lengua y muda sobre mi paladar; el tacto sólo aislado de la Tierra y de los Hombres no palpará ya más ni siente el soplo del frío ni del calor; y ya mi olfato no se sonríe ante el pomo roto... ¿Y... aún veo mi sombra...? No. Tampoco quiero mi sombra proyectar... ¡Oh! ¡Flor del Loto! muérdeme con tus hojas en el alma, y en ti me sumiré. Tú eres mi orto...